Terminó la primera rueda del torneo de la
Primera B Nacional y varios son los análisis a realizar con respecto a los números que ésta arroja. Para empezar, hubo equipos que mantuvieron un ritmo, otros que tuvieron grandes rachas y algunos tantos que no estuvieron a la altura de las circunstancias. Pero en este recorrido nos vamos a centrar en el Club Atlético Independiente, que por primera vez en su historia disputa dicha competición.

Los primeros 4 partidos fueron dirigidos por
Miguel Ángel Brindisi, con el que se obtuvieron muy pocos puntos y pobres rendimientos. Repasemos: durante su etapa como entrenador del club, el exHuracán registró la triste cosecha de 2 puntos sobre 12 en juego, producto de los empates con Aldosivi de Mar del Plata –cabe destacar que al término del primer tiempo de dicho partido, el “Rojo” vencía a su rival por 2 goles- 2 a 2 y las tablas ante Boca Unidos como visitante. Las derrotas fueron en manos del humilde Brown de Adrogue por 2 a 1 en condición de local y frente a Atlético Tucumán como visitante por idéntico resultado.

Ese sería el fin de la era Brindisi y el comienzo de una nueva etapa con el exQuilmes,
Omar De Felippe. A pesar de que su comienzo no marcó demasiadas diferencias –algo esperable por todos los hinchas-, poco a poco el trabajo que desde el discurso pregonó el técnico comenzó a dar sus frutos, paso a paso, a pesar de ser una expresión demasiado racinguista como para ser tomada por los hinchas de Independiente, es la que marca la realidad de lo que vivió el equipo desde la llegada del excombatiente. Tras un gran triunfo sobre la hora frente a Huracán en Parque Patricios y tras buenas actuaciones colectivas –los partidos ante Ferro e Instituto marcaron la mejor versión del equipo-, luego de 17 fechas bajo la conducción del exayudante de Julio Cesar Falcioni, el equipo logró una solidez totalmente impensada hasta para el más optimista de los hinchas del club de Avellaneda: 70,5 por ciento de los puntos obtenidos, con 10 victorias, 6 empates y tan sólo 1 derrota frente al débil Almirante Brown en Isidro Casanova. Hay que hacer mención acerca de las declaraciones de Omar De Felippe tras este partido para entender un poco más acerca de su perfil: “UNA CACHETADA A TIEMPO A VECES NO ESTÁ NADA MAL”. Y así fue.

23 puntos en 9 fechas y más de 700 minutos con la valla invicta avalan ese “reto”. Quizá un presagio de lo que el propio técnico intuía. Un real lector del fútbol, que con humildad, sinceridad, una pizca de experiencia en el ascenso –ascendió con Olimpo, de forma impensada y con un equipo mucho más humilde que el que hoy en día dirige-, y trabajo constante e incansable –e incluso algún que otro reto fuerte durante sus entrenamientos y, sobre todo, observaciones “duras” en algún que otro entretiempo-, está consiguiendo algo que a comienzos del torneo era difícil de imaginar.

Definitivamente este es el camino. A pesar de que falta mucho por recorrer –cuestión admitida por el propio De Felippe-, y restan cosas por mejorar, el equipo encontró su rumbo. Un rumbo plagado de dificultades y nuevas experiencias, dada la extrañeza de su aventura. No está acostumbrado, no conoce esto. Pero más allá de todo, hoy por hoy el equipo está en zona de ascenso. Y eso, a priori, es para festejar. Si en su carrera militar llegó a Cabo, hoy por hoy De Felippe se convirtió en General de una verdadera batalla en la que tendrá que enfrentar a sus propios demonios. Pero el Diablo sabe de eso. Y mucho.